Sus campos de color actúan en la retina como paisajes en el sentido de su finalidad que es el deleite de la mirada y la continua contemplación, que persigue con la intención constante de crear una obra que se prolongue en el espacio, para ello se ayuda tanto de la profundidad que crea la mancha de color en el lienzo como del movimiento infinito que dibuja la línea. Un paso mas ha dado en esta exposición modificando el punto de vista, el paisaje no lo percibimos ya desde la ventana del soporte plano de la pintura o la fotografía, ahora estamos dentro del campo del color, Virginia Frieyro, ha llevado su pintura a las paredes de la galería, ha hecho un zoom de su última obra y ahora la vemos desde el interior.
Las líneas del paisaje no se prolongan ya en rollos de papel de manera
indefinida, o cuaderno tras cuaderno, ni a través de soportes móviles
que cierran el mismo circuito una y otra vez, en esta ocasión los espacios
se prolongan infinitamente hacia dentro, cada uno de los cuadros es una microscópica
ampliación de otro, y así podemos ver y seguir imaginando inagotables
aproximaciones, cada una incluida en la anterior. La mirada no se extiende
ahora hacia el horizonte y lo contempla de lado a lado o en sentido circular,
sino en dirección interna a la pintura, cada mancha de color, cada
linea muestra una textura que a su vez oculta un nuevo paisaje independiente
del resto pero siempre en conexión con los demás por la dirección
que los une.
Esther Mañas 2001